lunes, 30 de enero de 2012

BAILA CONMIGO...

Estaba lloviendo.
Llovía bastante, pero éso no impidió que Elisa saliera descalza a la calle con tan solo unas braguitas estrechas de algodón y una camiseta sencilla de tirantes (inicialmente de color blanco)
A Elisa no le importaba la lluvia.
Hoy le gustaba.

Vió pasar a Santi por delante de ella, con un paraguas elegante. Ella se acercó, sensualmente, le quitó el paraguas y le susurró al oído:
- baila conmigo-

Santi tragó saliva y repasó su cuerpo empapado.
Se quitó la chaqueta para taparla, pero ella rechazó la prenda de ropa tirando aquella chaqueta de cuero al suelo.

Elisa se acercó un poco más a Santi. Casi podía rozar su piel.

Santi dejó entreabrir su boca i Elisa no dudó en besarlo.
Él temblaba. Quizá por el frío de la lluvia.
Seguramente fuera por éso.
Santi recorrió el cuerpo casi desnudo y mojado de Elisa con sus fuertes manos mientras Elisa se dedicaba a terminar de desnudar a su amante.

La lluvia parecía caer solamente para ellos.
Una lluvia sensual y erótica que hacía retorcer de placer a aquellos dos seres.

La lluvia aquél día era dulce.

Santi, al principio tímido, ahora no podía parar de comerse a besos el cuerpo de Elisa y beber de su boca.
Las gotas de agua de los pechos de Elisa desembocaban en los labios de Santi que con su lengua atrapaba con delicadeza y después de ver a su amante llena de gotas de agua volvía de nuevo a besarla cómo si el mundo se terminara aquél mismo día.


La pasión, los meses que llevaban sin verse y la humedad de la sensual lluvia hiceron el resto, en aquél rincón entrante del bosque.
Santi miró a Elisa en pleno gozo y gemidos y le dijo con voz entrecortada:

- ¿Es un buen baile?
- No podría haber imaginado un baile mejor... una buena pareja... y una buena musica de fondo
- ¿tus gemidos?
- También... pero la lluvia, escucha la lluvia...

La escuchó y se fundieron en el último gemido y abrazo, retorciéndose entre gotas de lluvia que dejaron al aire los cinco sentidos de cada uno de ellos terminando con una sonrisa pícara al desnudo.

















sábado, 28 de enero de 2012

No me gusta...

No me gusta el café con leche frío (enfriado) sin embargo, en verano me lo tomo con hielo, siempre y cuando me apetezca.
No me gusta tener que hacer cola en el supermercado, me pone de los nervios y no lo digo por la pobre cajera, sinó por las marujas que se cuelan unas a otras y todo ése panorama.
No me gusta que me miren las tetas cuando me hablan. Si, si, las mujeres nos damos cuenta de éso...
No me gusta la gente que llega tarde, tampoco me gusta el tráfico.
Odio los ronquidos y los sonidos empalagosos con la boca que no vienen al caso (cómo lo de masticar un plátano con la boca abierta) o hacer ruiditos similares.
Odio los mocasines y las náuticas sin calcetines.
No tolero los vecinos que bajan la escalera y no te dicen "Buenos días" (aunque sea susurrando) o "Hola"
No me gusta ver niños llorar
No me gusta ver a la gente sufrir
No me gusta la gente hipócrita...

No me gusta la crema de cacahuete.
No me gusta que me metan prisa (me gusta ir a mi ritmo)
tampoco me gusta dejar las cosas a medias (o lo hago del todo o no lo hago)
No me gustan los despertadores ni la cola del paro.
No me gusta la gente que desafina.

Me agovia tener que enfundar el nórdico.
No me gusta no poder tener mi espacio vital.
No me gusta la política ni las guerras ni todo ése rollo.

No me gustan las corbatas mal anudadas. 
No me gusta el melón ni el aguacate.
No me gustan las enfermedades, el insomnio, la ansiedad y la depresión.

No me gustan los perjuicios.
Porsupuesto tampoco me gusta el maltrato ni el abuso infantil ni a los animales.
Odio el racismo y la exculsión social.
No me gusta tener pesadillas.
No me gusta que mi vecino de arriba arraste las sillas y que el semáforo de delante de casa esté tanto tiempo en rojo.
No me gusta que me manden o que me digan cómo tengo que hacer las cosas.
No me gusta que se me volteen los calcetines.
No me gusta llorar...
No me gusta estar triste...

Y sin duda: 


NO ME GUSTA QUE ME DIGAN QUE VIVO EN UNA MENTIRA





















viernes, 27 de enero de 2012

La mujer y la luna

...Y justamente cuando faltaban apenas tres minutos para las tres de la madrugada, ella se asomó al balcón.
Desnuda, frágil, con los ojos humedecidos.                        
  Extendió sus brazos y miró a la luna.
                                                            Hoy menguante...
Sus lágrimas recorrían lentamente sus mejillas.




Finalmente la mujer le dijo a la luna: 
- ¿Podrías menguar con más delicadeza? intento dormir y no me dejas.

La luna se iluminó un poco más y la mujer se acurrucó junto a ella para verla menguar.
La luna suspirava besos de ilusión y la mujer dejó de llorar. Apoyó la cabeza en las rodillas y durmió hasta el amanecer.

miércoles, 25 de enero de 2012

La vida se ve de otra manera cuando puedes respirar mejor

Uno de mis anuncios favoritos:

- Me encanta éste anuncio. 
Es cutrillo, pero me encanta el tío ése todo motivado con su pijama, allí inflando el globo con la nariz y haciendo burbujitas con la nariz... porque es un anuncio que podría ser asqueroso pero sin embargo es divertido.
Os dejo con el tío de Utabon y su mujer cabreada.




Pd: Vale la pena recalcar la musiquilla de fondo (es esencial) jejejeje, da el pego, total!


Me declaro fan de éste anuncio y que conste que ni lo uso ni me llevo comisión.
Ale, a respirar en paz! 


LA VIDA SE VE DE OTRA MANERA CUANDO PUEDES RESPIRAR MEJOR 



martes, 24 de enero de 2012

Me gusta...

Me gustan las cosas de color rojo.
Si "éso" es de color amarillo quizá, puede que no me guste, pero si es rojo, me fascina.
Me gusta caminar descalza por la arena de la playa cómo una maldita soñadora peliculera y notar cómo me masajea la planta de los pies.
Me gustan las sonrisas. Sobretodo las sonrisas inesperadas de los bebés. Ésos bebés que te encuentras en un carrito acompañados de su mamá en el metro o en la cola del supermercado.
Me gusta la carita de pena que pone mi perra Gresca cuando quiere subirse al sofá.
Me gusta fumar mientras tomo sorbos de café con leche.
Adoro cantar y tocar el piano. Amo la musica. Hace que me sienta viva.

 Me gusta el sabor de los labios de mi novio y el olor de sus besos.
Me gustan los helados con cuchara grande, como en las peliculas americanas. Mis favoritos son los de Ben & Jerry's con sus grandes tropezones.

Me gusta la sandía y el verano.
Los vestidos de tirantes y las peliculas románticas.

Me gusta taparme hasta arriba con el nórdico para que no me coman los "monstruos"
Me gusta la ropa interior de colores y el sonido de los delfines.

Adoro las historias de hadas y todo lo que éso conlleva.
Me gusta el arroz con leche y las cosas dulces.
Me gustan los abrazos sinceros el chocolate espeso y las galletas danesas de mantequilla.

Me gusta soltarme el pelo y sonreir.

Me gusta mirar atrás y ver todo lo que he logrado hasta ahora.

ME GUSTA VIVIR











lunes, 23 de enero de 2012

Ocho pasos y medio

Recuerda algo de aquél día.
Su psicóloga la llamó a consulta. Sabe que sólo hay que andar ocho pasos y medio de la sala de espera a su consulta, pero aquél día se encontraba más nerviosa de lo normal.
La consulta cómo siempre olía a folio blanco sin reciclar.
Ella le preguntó cómo le fué ultimamente desde la última vez que se vieron. Ella hizo memoria sin mucho esfuerzo mientras se incorporava hacia su mesa y pensaba en lo bochornosa que podría ser la sesión.

Recuerda que la parte trasera de sus muslos le sudaban y las uñas estaban más cortas de lo normal.
No prestaba mucha atención a las palabras ni a las preguntas de su psicóloga.
Se le nublaba la vista y le costaba mucho pensar y recordar detalles con claridad.
No tenía resaca y tampoco había descuidado su medicacion. Simplemente no tenía ganas de escucharla.

Sólo quería llorar, no quería que nadie le hablara y menos aún que le hicieran pensar o recordar detalles de su pasado.

Tras una hora de sesión, ella se levantó de la silla que le arrugó la falda. Miró fijamente a su psicóloga y le dijo:

- Hay ocho pasos y medio de la sala de espera a su consulta. Cuéntelos bien y vaya con cuidado, no vaya a ser que tropieze y se rompa la crisma.



Seguidamente, ella se fué y la psicóloga se quitó los zapatos.


 



















sábado, 21 de enero de 2012

Eres la perla que le falta a mi collar

En un dia cómo hoy me encantaría volver a verte, pero ya no estás aquí.
En un dia cómo hoy, volvería a ir hasta la ciudad y subir hasta el piso numero quince para volver a ver tu sonrisa, abriéndome la puerta y oliendo la comida (ya desde el ascensor) seguramente me hubieras cocinado croquetas. Aquellas deliciosas croquetas que tanto me gustaban y que han pasado de generacion en generacion pero que sólo tu sabías hacerlas.
Seguiríamos con un postre de fruta para darle el toque sano y me hubieras desgranado una granada con delicadeza. 
La hubieras golpeado con el culo de una cuchara (siempre lo hacías así) y nunca se te caían trozitos de piel amarga.
Tras la comida, nos sentaríamos en el sofá, hablaríamos del abuelo, de lo mucho que lo echamos de menos y de cómo se dormía en su sillón viendo los partidos de tenis.
Sonreirías con los ojos humedecidos y me dirías si quiero una infusión o un café, que yo te ayudaría a preparar.
Seguiríamos la charla en la cocina, mirando "la novela" en la tele pequeñita, aquella tele roja que tenías y me dirías susurrando: - abre el armario que me han traído unas galletas danesas bueníssimas, te las regalo -
Lo decías cómo si alguien fuera a oírnos, o cómo si tubiera que ser un secreto. 
Me encantaban ésos momentos de complicidad.
Cualquier cosa comestible, si estaba en uno de tus armarios era todabía más deliciosa.


Luego nos sentábamos en el sofá a tomar el café y a comer galletas y te contaba mis penas. 
Me gustaba que me comprendieras tanto...


Luego nos quedábamos dormidas y al despertar me esperaba mi postre / merienda favorito: arroz con leche.
Que bueno que estaba y que bien que te quedaba.
A ti siempre todo te quedaba bueno.


Si tubiera que arrepentirme de alguna cosa sería de no haber pasado más tiempo contigo.




Y me arrepiento...
Supongo que me arrepiento porque te echo tanto de menos.
¡Oh Dios! Me gustaria tanto que estubieras aquí conmigo... necesito que estés aquí conmigo, porqué tu bien sabes que nadie cómo tu me ha comprendido nunca.


Te necesito para que me ayudes a tomar decisiones importantes en mi vida y ya no estás.
Tras pasar años no me acostumbro a tu ausencia. Casi siempre sueño contigo (solamente cuando puedo soñar)
Me encantaría poder abrazarte y oler el olor de tu ropa, para saber que puedo estar tranquila.


Jamás he podido olvidar lo que me dijiste antes de irte con los ángeles:
- Eres la perla que le falta a mi collar -


Espero que estés donde estés tengas un buen collar de perlas, porque, ¡maldita sea! no puedo ser ésa perla.

Te fuiste en el momento más importante de mi vida. Y no es un reproche. Pero me haces falta.
Fuiste una de las personas más importantes de mi vida.
Ahora cada vez que veo un collar de perlas me acuerdo de tí y en todo lo que no supe hacer bien.


Una vez, no hace mucho, una persona me preguntó si creía tener un ángel de la guarda.
Yo le respondí que si, muy convencida.
Sé que eres tu.
Sé que me proteges y que vienes a verme para que a "ésa perla" no le falte de nada y esté bien protegida.
Supongo que debe ser por mi hipersensibilidad o por otras cosas que no sé describir. 
Cuando ya me encuentro sola y desesperada y me harto de llorar hay una brisa de esperanza y eres tu. Las dos lo sabemos.


En esos momentos me encantaria que fueras real y que vinieras con una taza de café a mi lado y no tener que estar yo sola tomándome el café, echándote de menos.


Necesito tantas respuestas, tantos abrazos, tantas miradas complacientes...


Lloro por fuera y me rio por dentro recordando millones de momentos juntas. Me encantava que te esperaras junto a la puerta mientras yo picaba los tres botones del ascensor y jugábamos a ver cual llegaba primero.


Lo hiciste muy bien, no sólo éso. TODO.
Fuiste una abuela maravillosa, una abuela ejemplar. No consigo olvidarte aunque hayan pasado años...
Cuando sea abuela quiero ser cómo tu y llevar un collar de perlas con tu nombre.
De momento seguiré esperando que vengas en las noches de insomnio en las que la angustia se apodera de mi y cómo una brisa suave me calmes.


Sé que no puedes quedarte, aunque lo desee, pero has conseguido que me de cuenta de que estás junto a mi.
Prometo ser "una perla"
Déjame tiempo para pulirme. Lo estoy haciendo, de veras, pero me cuesta horrores.


Ven a verme siempre que puedas. Me calma.
Supongo que no hace falta decir que te quiero, pero te lo diré de nuevo igual que te lo digo muchas veces:


T'ESTIMO ÀVIA